Sin titulo

Como la serpiente danzarina
Sedujo al encantador con flauta
Y bailaban al son de la muerte
Esa guadañera del ave sin fin
Y nuestra ascua ardiente
Fluía como echando
A volar con alas de fuego
Plañideras subían y las Parcas
Tejían, Maya velaba con etereas
Sonrisas, la guía era mi amiga,
Esa llama que encendía
Oscura noche azul de vida,
Y la porfía, mi meretriz agudísima,
Velero de un desierto en arena fina,
Y esta larva subterranea
Metamorfoseando
Mi cara plata curtida
Aurea singular, espacio
Del alma mía

Quietud

Yo soñaba que dormía
Con los ojos abiertos
Como palomas blancas
Como cuervos,
Arañaba mi pupila lechosa
La mota del polvo
La colosal, la nuclear
Miraba mi mirada
Al fondo del espejo azul
Casi negro
Veía el huevo cósmico
Envuelto en mil serpientes
De los cascabeles de oro
Y, al fondo, un mar oceanico
Pregnaba lagrima de sal
Del fango igneo de mi sueño
O un mundo y diez mil
Millones de universos,
Quise reventar esa bola
De crisantemo, fluía sangre
Entre mis dedos, eran luces
O guirnaldas de mi madero
Quise sobrevivir a mi sueño
Aliento puro, vientre de arquero
Visé el centro de los centros
Dormía más profundo

Metamorfosis

Me deslizo sobre trigales,
Buscando al pez fugaz,
Resbalo con piel cambiante,
Hay un tambor, vibra
Y lo siento, pocos latidos,
Justos, contados, y
Mi vuelo es una sombra,
Resquicio abierto
En la boca del cielo,
Temprano, lloverá,
Iré al manantial,
Allí donde la luz
Es un arco de colores,
Reiré de haber vivido,
Porque en las cumbres
Mi canto no se oye,
Y el frío es una hoguera,
Responde y hace eco,
Del negro casi azul
Al blanco casi negro

Lo que hay

Hay un huevo en mi corazón,
Una piedra pómez y
Un viejo candelabro.
Si toco el harpa,
La cuerda resuena,
Cuando miro a través,
Los cristales se evaporan,
Oigo una huella fuerte
Calentar este tiempo.
Hay corceles que relinchan
Al filo de los surcos,
Son negros destellos
Forzando el agua viva.
A mi lado, cumbre nevada,
Por el aceite me unjo,
Es un crisol de espada,
Vertiente de un solo lado,
Capirote de sombra,
Lagos y rumor, círculos
Que entrecortan, nao
Del mar de mi alma.
Cumplo, eso es todo,
A cada paso, imploro,
Amo, muero, ardo.
De mi frente, circuncisa,
Mi altivez, mi sonrisa,
Mano, pie, corazon y tripa, las horas que duraron
En calabozo, las cadenas
Frías, agujetas de niñez,
Pluma, arcancía, mi sueño,
La alegría, mi vida,
El vuelo audaz y porfía

Cosmos

En la mota de polvo
Sobre el reloj de arena
Que lucía en mi juventud
Mi manto marinero
Veía yo la chispa clara
Que un día creó al cosmos,
Buscaba yo en margaritas mi amor de noche entre sombras,
Y papeles con tinta,
Y torbellinos de humos,
Y pozo de café negro,
Fuegos había, mis entrañas sucumbían,
El agua de la dulce corriente no fluía,
Aparecía la luna rodeada
De vapores y de aureolas
Blanquecinas, llovía,
Era tempestad, era calma, era la vida,
Me seguía nostalgia
De la rueda que gira,
Pensaba, yo me creía
Inmortal por un momento
De infinita alegría….
Hubiera dado tanto
Y aquella insidia, me moría

Perfección

Todo es perfecto, en cada momento
Y en todo momento, pues todo es eterno
Y a cada instante le corresponde
Su verdad primera, no me arrepiento
De nada, ni nada me duele, ya quedan
Pocas estaciones para que se cumplan
Designios y avatares, perfección,
Inescrutabilidad de Dios y de su obra,
Maravilla de plenitud, rosamundo,
Algarabía de mi pasión

Alma

Si mi alma es pura y viva
O ando entre el fango y fuegos
No es ventura es mi guerra,
Es mi jardín, consuelo y alimento,
Pues anda el fragor entre espesuras
Y el cielo a las sombras se adivina,
No hay ángeles que me castiguen,
Mi vuelo alcanza la hermosura,
A cada renglón una Victoria,
Desafío a la fortuna
Y besan de amor mi desventura

Cuarenta

Cuarenta años estuve en el desierto
De Porfiria, cuarenta días en los montes
Del Leteo, en las selvas que conducen
Al negro Leteo…
Noches de augurios, blancas y terribles
Tenebrosas, volaba bajo el graznido
Y la voz soplando, allí en los altos,
Chorros de fuego y lenguas luminosas,
Zarzas encendidas, espuma del viento,
Mi túnica, mi sagrada alma de cielos
Y perfumes rizando la eternidad y
Las verdades del mundo, a mis pies,
Allá, en el hondo, columpios de vaivenes,
Querubines, aureas, rosas celestes
A mis pies, entre los dedos de mis pies,
Olores de santidad, aquella belleza,
Inmortal designio del jardín, fuente.
Y me decían, torbellinos de sombra
Me prometían, inicio y principio
De todos los destinos, nuestros avatares
De todos nosotros y yo los escribía,
En letra de sangre escribía las vidas
Que daríamos, que íbamos a dar dando.

Vale

Al atardecer Dios duerme su divina siesta,
Y el Universo se hace como un suspiro,
De entre la divina boca sale y entra el aliento de Dios,
Y cada espiración expande el Cosmos,
Y cada inspiración contrae el Cosmos,
La Luna es un río de luz en la oscura noche del mar,
Las estrellas son como luciérnagas y rosas de fuego,
Y el cielo un espejo oceánico, misterioso y divino,
En el sueño de Dios cabe mi ser,
En mi entraña suena y resuena el eco divino,
Es un templo palaciego,
Un altar místico, enigma y secreto, mi nombre,
Mi figura, y mi faz ante
El resplandor divino,
Y me acompaso a su respirar, a la contracción,
A la expansión, de lo claro a lo oscuro,
De lo alto a lo profundo,
De lo cercano a lo remoto

Ser

Soy el colibrí rosa azul que liba jazmines en el jardín,
Soy libélula que enciende con su risa la siesta de Dios,
Revoloteo a sus pies divinos,
Regocijo su descanso,
Cosquilleo su sueño con músicas de mi alma,
Alas traslúcidas y eterna lumimaria,
Soy la pelucilla de la infinitud divina,
Coloreo, amo, reverencio, alabo

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