Roce

Con mi pluma de avestruz
Levanto el vuelo audaz,
Sueño con tus amores
Y no quiero más.
Cuántos sabores guardan
Los frutos en sus entrañas,
Son colores de un raro metal
Arriban a la noche, rompen
El templo de cristal,
Bóveda de anhelo
Que brilla al pasar.
Leve es el tiempo
Para quien sabe
Besar

Vuelos

De dentro me salen, son
Cuerdas metálicas que vibran,
Por donde corre eléctrica la voz
Y el eco se para, me poso
Sobre la nube rosa, es mediodía,
Ya las cumbres oscurecen claras
A Margarita, mira el viento,
Es un espejo que traga el ímpetu,
Renuncia y respira, balanceo
Tibio entre fuegos y sombra,
Arco tendido que transpira, ala
Que anhela y no llega, la ilusión
De una vida.

Planos

Que me vista de pétalos de rosa
O con tallo de junco
No son más que juegos alegres
Del divino verano
De calurosa tempestad
Arenosa o humeantes volutas
Del blancor del tiempo,
Primero hinco mis rodillas
En la piedra del desierto
Mi ojo atraviesa amarillos
Amores y azules plegarias,
Segundo me veo en lo alto
Y en lo bajo, surcado de sueños,
Vuelo a la nao del mare
Cruzo las espumas, rozo
Un singular destino, oro
Al pie del templo apolíneo,
Luego son los cabizbajos pasos
Desde capuchas misteriosas
Por los arcos del silencio,
Me libero y no vuelvo,
Voy y no vengo,
Turbado efímero, don de una vida.

Inviernos

Blanca la nieve como la nieve blanca,

Canoso el viento de mi tiempo

De pensamientos, revoloteo de flores

De almendros blancos cuajados

De besos y tiernas alas, como ojos

Que miran y otean sobre las cúspides

Verdes de escarchas, desnudez pura

De esta nada, esqueletos de belleza,

Que me sorprenden amaneceres

Pasando el puente helado, pisadas

Ausentes, riscos o vagos recuerdos,

Aquí comienzan mis ardores, quietos

De sombras esparcidas a los pies,

Sobre el piso de nostalgia.

Conspicuos

Tahúres zurdos que van a la trena,

De donde salen pájaros adiestrados,

Rómulos pícaros de habla sincera,

Muerte entre las flores, guirnaldas

Que nunca se acuestan, tubérculos

De la noche, engranaje de pistolas,

Canallas y crápulas que venden

Sus almas a la siniestra, colman

Los vacíos de sus tiernas primaveras,

Ocultan sus vientres entre la hiedra

De las sombras de las hechiceras,

Y creen que por el vago mundo

Todos se hacen la trecha,

Mientras columpian su locura

En el ramaje de la puerta trasera.

La trinchera

Y te hallaré bebiendo los vientos

Del Oeste y te hallaré bebiendo

Los aires del Este y estarás en la trinchera

Llorando a la muerte, clamando

Guerra al derrame de sangre, y te veré

Gritando los brazos altivos dolor

Y hecatombe y no te gusta lo que

Te digo ni escuchas mi canción

Mientras aquellos redobles de la muerte

Renuevan este fervor, y aquella locura

Nos vuelve como un carrón.

Tormenta calma

Noche rosapúrpura, de calma

Tormenta azul casi negra,

Mares del cielo con oleaje y vaivenes,

Espumas y alas, labios de flores,

Acompasado tiempo de espera y quietud,

Lontananzas, espesas levedades,

Eternidad fuera del tiempo, efímera,

Sutil, caduca, fugaz, huera, próspera,

Ingenua ventura del vivir.

Vigilia

Del sueño eterno despertaré,

De mi vigilia brota espada de mi boca,

Columna de fuego que arrasa sombra,

De los colores que son notas,

De las notas que son seres,

De los seres que van a la sombra,

Quiero glorificar, eternamente,

Glorificante que de rodillas alaba

La Gloria y el resplandor,

Sanctus Sanctorum.

He visto el Leteo en la selva negra verde,

He visto el Leteo en la selva negra verde,

Del atardecer sus ramajes de espesuras,

Ondas atravesadas por las hondas corrientes moribundas,

Donde brillaba un crepúsculo dorado de eternidad,

De este lado el río era un remanso donde habitaban los seres,

Quisimos atravesar y el agua fue tempestad doliente,

Se despidieron de mí, me miraban con voz de acuáticas marmotas,

Un pesar que no fue ni será era en sombras quietas,

Luego permanecí aquí, se fueron alejando,

La eternidad era agua, fuego de oscuras sombras.

Pájaros

Cuervo que en la espesura de la noche

Blanca de invierno vuela de copa

En copa brillando negro volando bajo;

Mientras el búho aguarda en el tronco

Que las luces se enciendan candilejas

De los sueños blancos y rotos;

O el dulce colibrí del jardín eterno

De mil colores del olvido que se posa

De flor en flor, queriendo frenesí;

A lo lejos, vuela alto y claro abierto

De ala a ala el águila pescador azul,

Viendo puro, rápido, quietud.

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