Cuarenta

Cuarenta años estuve en el desierto

De Porfiria, cuarenta días en los montes

Del Leteo, en las selvas que conducen

Al negro Leteo…

Noches de augurios, blancas y terribles

Tenebrosas, volaba bajo el graznido

Y la voz soplando, allí en los altos,

Chorros de fuego y lenguas luminosas,

Zarzas encendidas, espuma del viento,

Mi túnica, mi sagrada alma de cielos

Y perfumes rizando la eternidad y

Las verdades del mundo, a mis pies,

Allá, en el hondo, columpios de vaivenes,

Querubines, aureas, rosas celestes

A mis pies, entre los dedos de mis pies,

Olores de santidad, aquella belleza,

Inmortal designio del jardín, fuente.

Y me decían, torbellinos de sombra

Me prometían, inicio y principio

De todos los destinos, nuestros avatares

De todos nosotros y yo los escribía,

En letra de sangre escribía las vidas

Que daríamos, que íbamos a dar dando.

Alma mía

Si mi alma es pura y viva

O ando entre el fango y fuegos

No es ventura es mi guerra,

Es mi jardín, consuelo y alimento,

Pues anda el fragor entre espesuras

Y el cielo a las sombras se adivina,

No hay ángeles que me castiguen,

Mi vuelo alcanza la hermosura,

A cada renglón una Victoria,

Desafío a la fortuna

Y besan de amor mi desventura

Enigma

¿Es la paz una plácida quietud

De apartamiento del mundo?

O ¿ es la serenidad de la fuerza enmedio

Del remolino de la batalla?

Recojo arrojo y guardo primor,

Es mi alma de ventura espada

Y ala y pluma.

Ideal y sueño

Todo es perfecto, en cada momento

Y en todo momento, pues todo es eterno

Y a cada instante le corresponde

Su verdad primera, no me arrepiento

De nada, ni nada me duele, ya quedan

Pocas estaciones para que se cumplan

Designios y avatares, perfección,

Inescrutabilidad de Dios y de su obra,

Maravilla de plenitud, rosamundo,

Algarabía de mi pasión

La caza de la pradera

Es la caza al hombre

Solo, llevo mi máscara de muerto

Entre los muertos para sobrevivirles,

Y cada espíritu es libre, y

Libres se hacen esclavos o

Cazan al hombre libre

Y vivo y solo.

Es la caza en la pradera,

Verde es el valle y brillan siempre

Soles y cielos entre las ramas azules

Y la corriente bella, pausada,

El águila pasa, venturoso, lustrado,

Cantan las fuentes, mariposas,

Libélulas, grillos revoloteando

En la infinitud absoluta, sangro

Corriendo a través de arbustos,

Sobre piedras, descalzo, desnudo,

Herido, ansío liberarme, la tarde

Es mosaico de ilusión, presto

El pálpito, la recóndita verdad,

Una sábana blanca de encaje,

Sobre mi lecho, entre mis carnes,

Entretelas del Alma mía.

Sandalias y gotas

Dios mío he lavado mis sandalias

Con sangre de mi costado y

Salía pus de mi corazón y

Cae la tormenta en mí

Prende el fuego azaroso

La luz sagrada y el dolor

Es un grito de recién nacido

Amoratado sobre el paño

Azucenas son corriente

Vida y penas

Helada

Nos congelen nos congelen,

Que nos congelen nos congelen,

Cuando venga el pájaro negro

Con su guadaña al pasar.

Nos congelen nos congelen,

Que nos congelen nos congelen,

Cuando venga la glaciación,

A ver si nos podemos salvar.

Roce

Con mi pluma de avestruz
Levanto el vuelo audaz,
Sueño con tus amores
Y no quiero más.
Cuántos sabores guardan
Los frutos en sus entrañas,
Son colores de un raro metal
Arriban a la noche, rompen
El templo de cristal,
Bóveda de anhelo
Que brilla al pasar.
Leve es el tiempo
Para quien sabe
Besar

Vuelos

De dentro me salen, son
Cuerdas metálicas que vibran,
Por donde corre eléctrica la voz
Y el eco se para, me poso
Sobre la nube rosa, es mediodía,
Ya las cumbres oscurecen claras
A Margarita, mira el viento,
Es un espejo que traga el ímpetu,
Renuncia y respira, balanceo
Tibio entre fuegos y sombra,
Arco tendido que transpira, ala
Que anhela y no llega, la ilusión
De una vida.

Planos

Que me vista de pétalos de rosa
O con tallo de junco
No son más que juegos alegres
Del divino verano
De calurosa tempestad
Arenosa o humeantes volutas
Del blancor del tiempo,
Primero hinco mis rodillas
En la piedra del desierto
Mi ojo atraviesa amarillos
Amores y azules plegarias,
Segundo me veo en lo alto
Y en lo bajo, surcado de sueños,
Vuelo a la nao del mare
Cruzo las espumas, rozo
Un singular destino, oro
Al pie del templo apolíneo,
Luego son los cabizbajos pasos
Desde capuchas misteriosas
Por los arcos del silencio,
Me libero y no vuelvo,
Voy y no vengo,
Turbado efímero, don de una vida.

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